Todas las imágenes fueron facilitadas por Dj Lizz

“Me llamo Elisa Espinoza, tengo 31 años, nací en la Octava Región, en Hualpén. Tuve la típica infancia chilena con pobreza, violencia intrafamiliar y depresión. Lo normal, lo de siempre.”

Así contesta Elisa cuando se le pregunta por su vida antes de transformarse en la Dj Lizz, y antes de crear – junto con Tomasa del Real– el Neoperreo, un estilo que ella define como Reggaeton con sonidos vanguardistas, “un Reggaeton deconstruido”. Esa música que habla de drogas, de fiesta, de mujeres que participan en el comercio sexual y también de salir adelante, la ha hecho internacionalmente reconocida.

Elisa tenía 14 años en la época de la revuelta pingüina y 19 cuando el movimiento universitario inundó las calles. Pero su historia tiene poco que ver con esa generación que hoy gobierna y a la que cada tanto se culpa de los problemas de Chile. En realidad, la vida de Lizz corre paralela a esos eventos, en calles donde, como dice ella “había pura violencia, tráfico de drogas, prostitución”. En esas veredas, las causas sociales eran miradas con interés y con ganas –“mi generación está muy resentida”, dijo a TerceraDosis- pero también eran vistas con la profunda desconfianza que tienen quienes ven que todos sus caminos se cierran y consideran seriamente la posibilidad de ser narco o prostituta.

En la biografía de Lizz está el lado oscuro y poco discutido de la democracia de los 90s y 2000s.

Hace unas semanas, en la primera entrevista de esta serie de Democracias Violentas, el cientista político Benjamin Lessing describió Latinoamérica como un lugar donde los sectores medios y altos viven en zonas gobernadas por un Estado democrático, mientras que los sectores medios-bajos y bajos habitan lugares en donde el Estado cogobierna con grupos criminales. “Es un sistema perverso que condena a buena parte de la población a navegar entre lo que les dice el traficante y lo que les dice el Estado a través de la policía. Los que viven así son gente humilde que quiere trabajar, educar a sus hijos, construir algo”, dijo Lessing a TerceraDosis. En muchos aspectos Lizz es lo que emerge cuando una joven talentosa nace en las zonas abandonadas que describe Lessing, y se salva de ser aplastada por la embrutecedora falta de oportunidades. Probablemente lo mismo se puede decir de muchos cantantes de la llamada “música urbana”.


“Miro las cosas que he comprado y me lleno de orgullo; y cuando las uso me siento feliz porque me recuerdan que me saqué la concha de tu madre para llegar hasta acá.”


Dos golpes de suerte moldearon los primeros años de Lizz. El primero es la llegada de Internet: “Soy hija de Internet. Todo lo que sé, lo aprendí de ahí. Mi familia no me enseñó nada, aunque hicieron lo que pudieron”, dijo a TeceraDosis. El segundo, fue haber ganado una beca para estudiar en Inglaterra, lo que, entre otras cosas, le permitió darse cuenta de que “yo no estaba mal, era el resto el que estaba mal”. Si a alguien cree que esa frase es mesiánica o exagerada, lea a qué se refiere Lizz y seguramente entenderá mejor las fuerzas que mueven su música y su discurso.

Lizz no usó las oportunidades que tuvo ni tampoco su creciente éxito para integrarse en “la buena sociedad”. O mejor dicho, se ha integrado imponiendo sus propias condiciones. Tomando las experiencias de su vida y una enorme variedad de ideas, ritmos, imágenes, Lizz fue dando forma a una estética que define como “una fiesta latina en el fin del mundo, súper distópica, muy agresiva, muy fuerte y opulenta, porque la música trae una opulencia consigo”. En esa fiesta, que organiza semanalmente bajo el nombre de Chismoteka, Lizz defiende que las mujeres usen a su favor la hipersexualización a la que las somete la sociedad. Lizz ha se ha desnudado en la revista Playboy, tiene cuenta OnlyFans y aquí habla sin problemas de su experiencia en los strip clubs norteamericanos, que le sirvió de inspiración para su canción “La Putería”.

Su música retrata la calle, los sueños de lujo y éxito de los que pasaron su infancia mirando vitrinas o escapando a la plaza cuando los padres golpeaban a las madres “o viceversa”, precisa. Es una música descarada, que no cree que las cosas mejoren, sino que tiene la convicción de que el Apocalipsis ya ocurrió, por allá por los 2000, y no nos dimos cuenta. Esta música describe una sociedad donde las aventuras colectivas agonizan, donde lo ilegal ha echado profundas raíces y donde ser flaite/puta se ha transformado en una identidad valorada por grupos juveniles. Lizz nos propone aceptar que todo se jodió. Piensa que si uno acepta eso, “puede encontrar cierta felicidad”.  “Yo vivo en el fin de mundo y estoy ok con eso”, dijo.

-Tienes la edad de la generación que hoy gobierna y te tocó el movimiento pingüino de 2006 y el de los universitarios de 2011. ¿Significaron algo para ti esos momentos?

– Mi generación siempre ha participado de todas las revueltas sociales. Siento que es una generación que está muy molesta y resentida con cómo se vive, con las cosas que han pasado, con los aspectos sociales, políticos y culturales. Independiente de que no tengo una ideología política fija, me considero una persona revolucionaria y creo que mucha gente de esta generación es igual. Cuando fue la movilización universitaria yo me había ganado una beca y estaba en Inglaterra. Me alegré, pero al mismo tiempo sentí que eso no iba a llegar a algún lado, porque vengo de una historia mucho más oscura y no pienso que exista un cambio para mejor en ningún caso.

– ¿No crees que la organización política puede arreglar algunas cosas?

-No creo en eso. Pienso que la única manera de que uno puede cambiar las cosas es en su mundo, en su universo propio. Ojalá pudiera ser más positiva.

-Háblame de la beca a Inglaterra. ¿Qué hiciste ahí?

-Fui a estudiar literatura, quería ser escritora. Hasta ese momento para mí Chile era Hualpén y Concepción. A lo más había ido a Santiago dos veces. Lo único que quería era salir de esta realidad, buscar oportunidades lejos de este país, lejos de la discriminación. Pasar de Conce a Inglaterra fue una hueá brígida. Una de las cosas más importantes que me pasó ahí fue que pude darme cuenta de que yo no estaba mal, que era el resto el que estaba mal. Yo no estaba mal cuando pensaba que un papá no puede pegarle a una mamá, que no puede sacarle la mierda, gritarle, arrastrarla por el suelo. Allá me di cuenta de que estaba mal que le tuviera miedo a mi familia, que dejara que la gente me pasara por encima y muchas cosas que son tan propias de la sociedad chilena. Todo eso me parecía mal, pero también, como veía que eso pasaba en todos lados, me preguntaba si no era yo la que estaba equivocada. Y cuando llegué a Inglaterra me di cuenta de que no, que lo que estaba mal era la vida que había tenido, la educación, la forma en que te hablaban los profesores, cómo se referían a las mujeres, cómo era la situación en la calle. O sea, ahí me di cuenta de que había lugares donde sí había oportunidades, donde una podía estar tranquila, ser libre, soñar, estudiar lo que quisiera, trabajar, tener una esperanza de desarrollo personal. Siento que si no hubiese sido por ese viaje, jamás hubiese logrado lo que logré, porque me dio la confianza para decir, ‘en verdad no importa dónde esté, porque si tengo este espíritu de entender que soy libre, de entender en mi mente que yo no estoy mal, entonces todo me va a salir bien’. Y así ha sido. Después de eso estudié historia del arte en la Universidad de Chile.

-Tu generación es la primera que se forma con Internet. ¿Qué tan importante fue en este proceso de cuestionar Chile y en tu música?

-Yo soy una hija del Internet. Gracias a Internet construí toda mi carrera, mi personaje, mis sueños, mi personalidad. Todo lo que sé, lo aprendí ahí. Mi familia no me enseñó nada, aunque hicieron lo que pudieron. Y en el colegio ¿qué iba a aprender? Nada. Y en la calle había pura violencia, tráfico de droga, prostitución. Todos mis amigos del barrio eran traficantes. Aunque también había cantantes, artistas autodidactas fue Internet lo que me abrió una puerta. Ahí estaba lo que me gustaba. Era algo que iba más allá del arte como rama, era la posibilidad de expresarme. Era la libertad. Entonces, en un momento todos estábamos reprimidos y vino Internet y pudimos ser como realmente éramos. La generación de ahora, que nació con Internet, nació libre. Quizás no es libre en un aspecto físico, pero sí hay un espacio de libertad que está en la Matrix.


“Los chilenos no somos tontos, somos inteligentes. El tema es que no existen oportunidades para desarrollar esa inteligencia en un aspecto más de ‘conducto regular’, cotidiano, normal.”


-El Neoperreo está bastante consagrado como género y se lo baila en México, España, Colombia o Argentina ¿Sientes que hay algo particular de ser chilena en esta música?

-El Neoperreo es un subgénero del Reggaeton y sirve para definir sonidos mucho más vanguardistas. Es como un Reggaeton deconstruido. Lo fundamos con la Tomasa y creo que, en una parte, lo que nos llevó a esto fue la falta de identidad que tenían las generaciones en el Chile postdictadura. Lo que pasó es que en los 90 y 2000 empezó a haber TV cable y luego internet y la gente comenzó a ver otras realidades. Antes vivíamos más desconectados y asumíamos que el mundo era esto no más. Pero cuando Chile se globalizó, la gente empezó a preguntarse por nuestra identidad. ¿Qué nos representa? ¿La bandera, las empanadas? Para mí, nuestra identidad está marcada por ser un país violado, censurado, reprimido, que firmó con el diablo un acuerdo de falsa democracia que produce falta de cohesión en nuestra historia y en nuestra identidad. Pero más allá de eso, muchos se preguntaban quiénes somos. Y cuando llega Internet, la gente ve cosas que le gustan y mi generación empieza a construir su propia identidad en base a recortes. Recortes de diferentes lugares y cosas. Así nace el Neoperreo. Como mucho del arte actual y de la identidad de esta generación, el Neoperreo es hijo de Internet. No está conectado con el folklore, sino con estos recortes que metimos a una juguera; miramos para afuera y dijimos, me gusta esto y esto otro; metimos Reggaeton, ganas de irse a Europa, animé, frases de libros, Björk. Y salió una identidad deforme, monstruosa, pero que por sobre todo es única y especial. Para mí eso es el Neoperreo. Cuando tú reproduces una obra una y otra vez, cuando la metes en este proceso de reproductividad técnica, nace algo único, que está hecho de copias pero que es difícil de replicar porque ha sido demasiado deformado. Eso es el Neoperreo: un poco de la música de Berlín, del Reggaeton de Puerto Rico, un poco de lo que pasa en nuestras calles y de la moda en Nueva York. Todo eso cantado por mujeres. Habla de fiestas, de drogas, de sexo, de mil cosas, pero más allá de eso, es una mezcla de todo lo que nos gusta y de lo que vemos. Somos una generación que no tiene miedo a mezclar, a fusionar y remixear y a expresarse de maneras que jamás nadie ha visto. Yo, como músico, que conozco desde Rosalía hasta Tokischa, te puedo decir que todos están mirando lo que hacen los jóvenes en Chile. Creo que la represión llevó a una libertad desenfrenada y a crear un arte horriblemente hermoso que pasó desde el underground a algo que marca tendencia. Creo que hoy “lo chileno” es eso: una serie de recortes, un collage que genera una personalidad muy potente que ha terminado siendo vanguardista, entendida como un multi-crisol cultural.

Todas las imágenes fueron facilitadas por Dj Lizz

-En el género urbano algunos expresan en sus canciones el orgullo de ser flaite. En el Neoperreo está el orgullo de la putería. ¿Todo ese orgullo hacia dónde lleva y qué representa?

-La música urbana es el reflejo de nuestra realidad. Y por eso habla de armas, de tráfico de drogas, cosas que se hacen en todo Chile, sin importar la clase social, porque es iluso creer que gente de mucha plata no ha hecho algo ilegal. Entonces, esta música habla de eso, de la calle y también de la familia, de la importancia de la figura materna, de salir adelante, de tener autos caros. Pero antes del Neoperreo faltaba la voz de la mujer en esta historia. ¿Qué dice esa mujer? Estaba a la sombra del hombre; era la groupie, la puta. Para los flaites, detrás de un hombre hay una puta. Pero ¿qué hay detrás de una puta? Hay putas que también son jefas. Y puede ser que quizás detrás de una puta o detrás de una mujer empoderada o una mujer de negocio o una mujer traficante, haya un hombre. ¿Será que puede ser al revés? Obvio que sí, pero nadie había hablado de eso. Entonces el Neoperreo – así como otros movimientos artísticos rupturistas – es como un espacio seguro no solo para las mujeres, sino para las disidencias, para contar la otra parte de esa realidad. Las mujeres empiezan a contar su historia, la de ser puta, la de ser traficante, la de ser una mujer de negocio, una mujer empoderada, una mujer madre, una mujer que dice, hace, se viste como quiere y que de alguna manera también refleja nuestra realidad social y política.

Ahora, la pregunta que también importa es ¿a dónde nos lleva eso? Porque las nuevas generaciones, -que no vienen de la misma realidad que nosotros, aunque la mayoría sí- dicen, ‘ay, me encanta esta música, me representa, quiero ser flaite’, o dicen ‘soy puta’. Ese es un cuestionamiento que me hago: ¿hicimos bien? Porque ser puta no es algo positivo. Y no creo que ningún artista haya cantado sobre estas cosas pensando “es bacán robar”, por ejemplo. Actualmente, sin embargo, la música es tan potente que se volvió como una fábrica de niños que quieren ser flaites y niñas que quieren ser puta. Hasta un hueón que nace en una mansión, quiere ser flaite y se cree vivo. Y eso es porque estos conceptos son parte la identidad actual que nos representa como generación. Hay que tomar en cuenta sí, que ser puta o flaite tiene un significado distinto para cada persona y no es siempre algo literal.

Ahora, esto no es la primera vez que pasa. ¿Cuántas canciones de los 80s y 90s hablaban de droga, de sexo desenfrenado? Al final la gente igual decía, ‘ay, yo quiero ser así, quiero drogarme y morir como Kurt Cobain’. Entonces, existe mucho de mímica. Pero hay una gran diferencia entre la “moda” y haberlo vivido. No hay que olvidar eso.


“¿Por qué esa hipersexualidad que se le ha dado a la mujer tiene que ser algo negativo? ¿Por qué mi feminidad y mi sexualidad no puede ser una herramienta de guerra, una herramienta de poder?”


-En ese sentido ¿qué dices ante los medios de comunicación que transmiten la idea de que la música urbana es una causa del crimen?

-Pienso que hay que preguntarse por qué existe esa música. ¿Se nos ocurrió en un sueño, lo inventamos, lo vimos en una película, en Transportting, en Requien for a Dream? No, es nuestra realidad. Entonces si alguien tiene la culpa de que estas historias en forma sonora sean tan horribles y que las nuevas generaciones las quieran imitar o se identifiquen a través de estos relatos es culpa del país, de los gobiernos, porque si esta realidad no hubiese existido, quizás estaríamos hablando de flores, de olas, de lo bonito que es la vida. Cuando se le echa la culpa a la música, es porque quieren tapar el sol con un dedo. Lo que los gobiernos no entienden es que si mañana fueran a la calle y mataran a todos los que venden droga y quemaran todo, saldrían otros a hacer lo mismo una y otra vez, porque no se está resolviendo la causa de nuestro problema, que es la necesidad desbordante de plata, de trabajo y oportunidades. La música que hacemos es simplemente un grano de arroz al lado del problema gigante que tenemos y que es parte fundamental de nuestro desarrollo económico, social y cultural. Me refiero al tráfico de droga, el tráfico de personas, los asesinatos, el sicariato y cuantas cosas hay acá ahora en Chile. Creo que es un problema imposible de erradicar. O sea, hoy lo ilegal es un parásito gigante y si lo sacamos, el mundo se muere. Es como Alien, esa película donde las personas tienen dentro un parásito que los va a matar, pero si se los sacas, también se mueren. Economías enteras -y también en Chile-, se construyeron en base a lo ilegal. Y no estamos hablando solamente de drogas. Hoy por 100 lucas un huevón puede mandar a matar a una persona. Eso está pasando ahora. Por eso te digo que echarle la culpa a la música es tratar de tapar el sol con un dedo. Si aquí alguien tiene la culpa, son los gobiernos que por años jamás han preocupado por la educación. Con mejor educación la gente podría evolucionar de manera positiva.

FEMINISMO, CAPITALISMO, APOCALIPSIS

– ¿Cómo te relacionas con el feminismo? ¿Ves una tensión entre tu música y lo que propone ese movimiento?

-Existe un tipo de feminismo que busca que la mujer se aleje lo más posible del estereotipo de ser mujer ante la sociedad: desde lo más básico de no tener pudor con tu cuerpo y de aceptarte, hasta algo más profundo que busca romper con los cánones de belleza que son también cánones de ética y de moral, etc. También hay un feminismo más extremo que lleva incluso a cuestionar la propia feminidad, la cual ha sido de cierta manera impuesta. El Neoperreo, mi propia ideología y lo que comparto con mis colegas, no va por ese lado extremo. Lo que hago va más allá y es preguntarme ¿por qué ser mujer tiene que ser una lucha?, ¿por qué no puede ser algo a favor?, ¿por qué esa sensualidad o esa hipersexualidad que se le ha dado a la mujer tiene que ser algo negativo?, ¿por qué mi feminidad y mi sexualidad no puede ser una herramienta de guerra, una herramienta de poder?

– ¿Te refieres a tener el control de esa sexualización?

-Claro. La sociedad siempre ha hipersexualizado a la mujer, por ejemplo, el programa Morandé con Compañía. Yo pienso que es distinto cuando tú decides individualmente proclamar tu sexualidad y hacerlo parte de tu libertad de expresión. De eso habla el Neoperreo. A mí no me molesta cumplir con cánones de belleza; al contrario, me río porque finalmente eso para mí es un poder. Tengo el culo grande, las tetas grandes y fin, esas son mis herramientas de guerra contra esta sociedad injusta y contra los límites que hemos tenido las mujeres, lo cual también se traduce a empoderamiento del género.


“En este mundo post postapocalíptico lo más horrible, lo que está en la calle y en la basura se vuelve lo más hermoso”


– ¿Qué es lo que ganas usando ese poder?

-Por ejemplo, ser tomada en cuenta. A mí me gusta expresarme a través de mi sexualidad y erotismo, me gusta mostrarme y me he dado cuenta como gracias a eso he podido conseguir desde una oportunidad laboral a dar a conocer un punto de vista. Es algo super básico en cuanto a pensamiento, pero el mundo es básico, ¿no? Y si a eso le agregas que eres una mujer inteligente y determinada, es como que ni siquiera tienes la posibilidad de perder. Y otra cosa que les digo, como persona que trabajó en los strip clubs: es impresionante cómo una mujer que está segura de sí misma y al mismo tiempo dueña de su sexualidad, o sea, una mujer a la que no le importa lo que diga el resto, una mujer empoderada, hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere. En los clubs hay mujeres que son tan así que ganan mucho dinero, dinero que sale del bolsillo de clientes. Pero esto no es solo sobre la plata, hay algo detrás y que es lo que cuenta la canción de la putería. Es la astucia, el talento innato, el empoderamiento de ser la jefa de tu vida. Finalmente, el Neoperreo le dice a las mujeres que no se escondan, que sean como quieran ser, que proclamen su sexualidad y su libertad.

Todas las imágenes fueron facilitadas por Dj Lizz

– ¿La putería habla de tu trabajo en los strip clubs entonces?

-Sí Es parte de mi cultura. Sé cómo hacerlo y también me gusta. ¿Ustedes no irían a ganar 5.000 dólares en una noche? Me gusta bailar, me gusta la música, lo veo como algo parte de mí. En los strip clubs a los que he ido nadie se involucra sexualmente con nadie, a menos que quieras. Es simplemente bailar, entretener, estar ahí, obviamente hacer shows y ya. Eso es lo que cuento en la canción de la putería.

-En esa canción dices yo no tomo, tomo, yo disimulo. Me parece que ahí hay una especie de negociación súper importante entre lo que uno muestra al resto y lo que uno se queda para una.

-Sí, eso es algo muy típico de los strip clubs porque obviamente te invitan tragos y quieren que tú te drogues o te emborraches para pasarla bien. Y como los tipos están tan curados, haces como que tomas y en verdad tiras el copete para atrás del asiento. Nunca tomas porque tú estás despierta, para que no te vaya a pasar nada y porque estás ahí para juntar tu plata, estas trabajando. Entonces tú tiras el copete para atrás y estás “¡uy, jaja, qué entretenido!”. Y el tipo jura que es bacán, que la está haciendo, jura que tú estás tomando, que lo estás disfrutando y en verdad no estás tomando nada, estás viendo el teléfono, estás atenta, te miras con tu amiga, se hacen señas. Por eso la canción dice, yo no tomo, tomo, yo disimulo, no soy weona, soy culona. Esa situación me parece que se aplica a toda la vida.

-Hay una complicidad femenina ahí.

-Claro, la canción dice esto no es una competencia, puta, aquí todas venimos a hacer dinero. Porque hay mujeres que hablan de feminismo pero no son sororas. De repente hay mujeres que quieren dañar a otras y después van a las marchas. El feminismo no es solamente una ideología, también es cómo te comportas con las mujeres a tu alrededor. La canción dice, aquí todas venimos a hacer dinero, pero no se refiere solo al dinero, quiere decir que ninguna es mejor que la otra, que estamos todas juntas para llegar a un objetivo en común. A veces el objetivo es dinero, otras veces es cambiar una ley, luchar por nuestros derechos, pero más allá de eso, es proclamar la libertad de nuestro género.

-Tú dices estar en guerra con una sociedad injusta y ese tema aparece en muchas canciones del género urbano. Sin embargo, uno ve que hay una estética llena de oro, de autos, de mansiones, todo esencialmente capitalista.  ¿Cómo entiendes esa contradicción?

-Cómo les dije, en los 90s y 2000s todos los que éramos de clase baja comenzamos a ver cantantes internacionales que usaban cadenas de oro y autos de lujo en sus videos de música o en programas como MTV Welcome to my crib, etc.; y todos empezaron a pensar, ‘yo no quiero estar acá en este bloque culiao, donde todas las noches hay balazos, mi papá le pega a mi mamá, un tío es traficante, el otro está preso; yo quiero ganar plata y sacar a mi familia adelante, y me voy a vestir así, ficha, de Gucci, de Calvin Klein. Detrás de eso hay una cosa muy importante que no tiene que ver con el capitalismo, sino con la realización personal que se ve satisfecha con el consumo. Entonces si alguien “la logra”, haciendo lo que sea, eso le da un estatus, pero no ante la calle, le da un estatus ante su familia, los amigos…. El niño dice “lo logré, miren, miren ahora, miren lo que tengo y ustedes también lo pueden hacer, miren”. Con esto me acuerdo de la canción de 50 cents, Windows Shopper. Él cuenta que cuando niño pasaba por afuera de una tienda y miraba unos tenis que él quería y no podía comprar. Todos los días los miraba y hoy que es un cantante famoso y en el video entra a la misma tienda y se compra todos los zapatos. ¿Por qué lo hace? No creo que tenga que ver con el capitalismo. Es un más bien una forma de decir, lo logré, salí adelante. Yo sentí eso cuando pasaba por las vitrinas y no quería comprarlo todo por comprar; yo solo quería lograrlo, quería ese valor tan concreto de sentirme realizada. Yo miro las cosas que he comprado y me llena de orgullo; y cuando las uso me siento feliz porque me recuerdan que me saqué la concha de tu madre para llegar hasta acá. Poder salir adelante tiene que ver con algo íntimo, superar el miedo a no tener dinero, ayudar a tu familia y romper con esas generaciones interminables de pobreza, en donde obviamente no hay ninguna oportunidad.

-Parece que para tu generación no hay espacio para sueños colectivos, son todas aventuras individuales.

-Claro, el sueño colectivo es la familia, los amigos. Es que si no hay opciones, ¿qué hace la gente? Bueno, dicen ‘voy a traficar droga, qué es lo que hacen todos, pero la voy a hacer mejor, no voy a alumbrarme, no voy a consumir, voy a juntar la plata y me voy a comprar un auto y después voy a hacer otro negocio mejor, invertir en algo tranquilo, legal y así salir adelante’. Los chilenos no somos tontos, somos inteligentes. El tema es que no existen las oportunidades para desarrollar esa inteligencia en un aspecto más de ‘conducto regular’, cotidiano, normal.

-Muchos piensan que el problema del narcotráfico está cada vez peor y que Chile se volverá más violento. Al inicio dijiste que eras muy pesimista respecto de la posibilidad de hacer cambios sociales y políticos. A partir de tu experiencia, ¿crees que el tema de la violencia va a incrementarse? y ¿cómo te ves tú, como artista, en ese contexto?

-Desde mi perspectiva, las cosas no van a cambiar porque estamos en un mundo post apocalíptico. Para mí el apocalipsis no es algo que va a venir, es algo que ya pasó. Yo creo que muchos en mi generación lo ven así. No fue un hito concreto sino una serie de derrumbes que comenzaron en los 2000 y dejaron un mundo sin esperanza. Por eso la tasa de natalidad ha bajado un montón. Mucha gente piensa en no tener hijos y eso es porque no existe esperanza que mañana va a haber una mejor realidad para formar una familia. No hay oportunidades, no hay plata, el contexto se ve turbio ¿cómo uno va a tener un hijo en un lugar donde no hay esperanza?

– ¿Tu música es la música de después del fin del mundo?

-Sí. En el disco Nalgothic, yo dije algo que define el Neoperreo: si todos estuviéramos bailando Reggaetón en el fin del mundo, eso sonaría un poco así. En este mundo post postapocalíptico lo más horrible, lo que está en la calle y en la basura se vuelve lo más hermoso que tenemos. Para mí eso es el arte hoy: el horror, lo distópico, lo incómodo de nuestra realidad. Si alguien nos recuerda, prefiero que lo hagan por eso, por haber provocado algo y no que nos recuerden como gente que vivía en el mundo Bilz y Pap. Mi show lo describo así: una fiesta latina de Reggaetón en el fin del mundo, súper distópico, muy agresivo, muy fuerte y opulento, porque la música trae una opulencia consigo. Yo vivo en fin del mundo y estoy ok con eso.

– ¿Cómo se vive en ese post apocalipsis?

-Lo peor que se puede hacer es aislar a las nuevas generaciones de la realidad. De repente veo niños que están desconectados porque los papás los tienen como en una burbuja… A esos niños los dejas en la calle solos y les roban todo en 5 minutos. Yo creo que si la gente aísla a sus hijos, van a ser hueones. Necesitamos gente “via”, atenta, porque en el fin del mundo el más astuto va a sobrevivir. El hueón que sabe en quién confiar y en quién no. Yo siempre ando con la desconfianza. Quizá ustedes no viven en esa realidad, pero en la vida hay que andar atento. Siempre hay alguien que te va a querer cagar o te puede hacer daño. La realidad es turbia, pero si uno aprende a vivir en este mundo post apocalíptico, puede encontrar la felicidad, puede encontrar lo que quiere y finalmente ser parte del planeta, no vivir fuera de él. Creo que si la gente se planteara la posibilidad de que las cosas no van a mejorar, quizá también le iría un poco mejor, porque en esa situación tienes dos opciones: te echas a morir o luchas hasta el final. Y eso es lo que hago yo y lo que hacemos todos. Luchar contra la adversidad, inventarse oportunidades. Ahora lo que queda es dejar una marca, hacer un cambio, aportar, ayudar, ganar plata, estrujar al máximo el momento y vivir bien en este mundo distópico de cero oportunidades y de sensaciones incómodas, que están ahí, por más que la gente las esconda bajo la alfombra.

Lee la entrevista en TerceraDosis.