De izquierda a derecha aparecen: Rodrigo Mardones, Carolina Rojas, María Paz Trebilcook, María Sol Anigstein, Alejandra Luneke y Waldo Bustamante.

Angel Aedo, Director del Instituto Milenio VioDemos y profesor de la Escuela de Antropología UC, abrió el seminario destacando lo importante que mirar desde distintas perspectivas y cuestionar uno de los conceptos ejes del trabajo de Instituto. El trabajo académico debe estar abierto a nutrir sus punto de vista y el seminario es justamente una instancia para ello.

La mesa “Violencia estructural como concepto: Alcances y limitaciones”, contó con cuatro exposiciones que ahondaron en este concepto y en cómo puede ser abordado desde distintas disciplinas y en diversos ámbitos de investigación.

María Sol Anigstein, profesora del Departamento de Antropología y Escuela de Salud Pública Universidad de Chile, señaló que “no necesariamente hemos estado trabajando desde la perspectiva de la violencia estructural, pero ha estado presente en nuestros proyectos de investigación y me gusta que se ponga en cuestión y se debate el concepto en el marco del proyecto (VioDemos) en  que están trabajando”.

Explicó que sus investigaciones abordan las formas de enfrentar comunitariamente los  procesos de salud, en cómo se articula la resistencia y en qué tácticas y estrategias las personas usan para sortear la violencia estructural. Dicha violencia puede desencadenar un “sufrimiento social”,  término que viene de la antropología médica y que puede darse en dos sentidos, por abajo y/o por arriba, según detalló la profesora María Sol Anigstein:

Se habla de un sufrimiento por abajo cuando existen poblaciones que no son visibilizados, que no tienen voz o no son escuchadas, en cambio el sufrimiento por arriba se refiere a la justificación del dolor, cuando éste es socialmente justificado como un precio a pagar para conseguir algo. “El gran desafío para las ciencias sociales es que si nosotros como cientistas sociales no somos capaces de poner en el lenguaje o visibilizar estos sufrimientos estamos siendo cómplices de estas violencias estructurales” destacó Anigtein.

Waldo Bustamante, Director del Centro de Desarrollo Urbano y Sustentable CEDEUS y profesor de la Escuela de Arquitectura UC, abordó la violencia estructural desde su trabajo analizando las condiciones de habitabilidad de las viviendas sociales en Chile y colaborando en planes de mejora para dichas viviendas y sus habitantes.

Comenzó su exposición citando a Francisco Sabatini quien sostiene que “el espacio importa”, refiriéndose a que las condiciones materiales de las viviendas y de los entornos públicos pueden impactar en las trayectorias de vida de las personas.

“Vivir en condiciones de hacinamiento y en malas condiciones térmicas es  muy propio de la vivienda social. Hoy se buscan revertir estas condiciones con programas de regeneración urbana, pero es muy difícil”,  detalló Waldo Bustamante, quien agregó que el cambio climático afectará más a quienes viven en hogares de menor calidad.

En investigaciones de CEDEUS, han realizado mediciones de temperatura en invierno en  viviendas sociales de  Concepción y Viña del Mar, y los resultados indican que hace más frío al interior de las mismas que en el exterior.  Y señaló la importancia de mejorar las condiciones de habitabilidad de las mismas para mejorar la vida de las personas.

Vista general de la sala donde se realizó el seminario
Vista general de la sala donde se realizó el seminario

Carolina Rojas Lasch, profesora del Departamento de Gestión y Políticas Públicas de la Facultad de Administración y Economía de la USACH, problematizó el uso de lo “vulnerable” en las políticas públicas: quien lo usa, cuando y cómo se usa, y qué  qué ideas contiene el concepto, considerando que lo “vulnerable” desplaza las lecturas más predominantes de los 80, donde se hablaba de pobreza o  pobreza extrema,  y provoca un giro en cómo se entienden las desigualdades y los problemas sociales.

“Lo vulnerable se extiende como una forma que homogeniza a la precariedad” declara la profesora Carolina Rojas y detalla que teóricamente su uso tiene dos connotaciones: una experiencia social y una experiencia humana. Por lo mismo es un concepto que se vuelve difuso  y tiene distintas repercusiones.

“Lo vulnerable permite calificar situaciones, lo vulnerable se mide, delimita y define”, acota Rojas y sostiene que su significado se completa cuando los funcionarios que implementan las políticas públicas  se encuentran frente a frente con las personas. Y que este paragua de lo vulnerable, no solo nombraría lo que existe, sino que determina formas de desigualdad desplegadas y extendidas en un contexto y territorio.

Considerando lo anterior, Rojas sostiene que la perspectiva feminista interseccional puede ayudar a resituar el lugar de resistencia,  cómo se da un uso político del concepto y al mismo tiempo como su uso sostenido va demarcando -sobretodo con la importan política del Estado en su carácter nominativo-  un permanente espacio de desventaja en aquellos territorios o sujetos que están siendo “vulnerables”.

Rodrigo Mardones, profesor titular del Instituto de Ciencia Política UC, investigador asociado del Instituto Milenio VioDemos, hizo un recorrido por los distintos significados, y críticas al concepto de violencia estructural desde distintas disciplinas, señalando, que, como en otros conceptos la disputa está en términos de su limitación versus extensión (casi todo es violencia), disputado por razones políticas (se toman políticas públicas), en términos de su legitimidad; su definición es útil y necesaria para la comparación aunque no sea políticamente neutral.

El profesor Rodrigo Mardones, mencionó el concepto de Johan Galtung (1968) quien define a la violencia estructural como el fenómeno que se da cuando los seres humanos se ven afectados en sus realizaciones somáticas y/o mentales en un nivel inferior a su potenciales;  es la violencia de la injusticia y la inequidad, que incluye la violencia simbólica; uso del poder para la dominación desde la cultura, estatus, género.

Y desde las críticas al concepto mencionó que se le atribuye a Galtung un objetivo político normativo de denuncia y se pregunta si es posible describir y denunciar a la vez, por muy legítima que sea la denuncia. Al nombrar las desigualdades e injusticias como violencia estructural, el concepto perdería su especificidad y su capacidad de describir.

Y otro nudo respecto a la “violencia estructural” sería; ¿quien ejerce dicha violencia? En este caso, algunos autores sostienen que la violencia estructural es ejercida por todos quienes participan de un orden social.

Al cierre de la mesa “Violencia estructural como concepto: Alcances y limitaciones”, Alejandra Luneke, Directora Alterna Instituto Milenio VioDemos y Sociología UAH, hizo un comentario de las presentaciones; destacando como se ve la acción del Estado como productor de violencia ya sea con “infraestructuras violentas” de carácter activo (cárcel), o pasivo con ciudades y viviendas que no tienen las condiciones adecuadas para la vida y la convivencia, o con políticas públicas que invisibilizan o estandarizan los problemas de desigualdad y pobreza.

En cuanto al concepto de “violencia estructural”, se preguntó cómo es posible limitarlo  mejor, cuál es el rendimiento teórico que tiene este concepto y cómo es posible trazar marcos teóricos que quizás no estaban claramente dialogando. También planteó la interrogante de si será necesario volver a hablar de “la pobreza”. Y al mismo tiempo reflexionó de qué tanto más ambiguo será el término “violencia estructural” que “cohesión social”.

La profesora Alejandra Luneke señaló que los efectos de la violencia estructural, pueden ser una vía para trabajar en conjunto, retomando la idea del sufrimiento social y la resistencia al impacto de la violencia.