23_06_2026_“En VioDemos nos interesan los territorios y en nuestros tiempos también hay que pensar en el territorio digital, por eso queremos entender y hacernos preguntas acerca de la violencia digital. Es una agenda que recién se está iniciando” comentó la investigadora y profesora de la Escuela de Psicología UC, Manuela Badilla, quien organizó el Taller violencia política digital: Metodologías y marcos legales, que se realizó el viernes 19 de junio.

En estos tiempos, la inteligencia artificial favorece los discursos de odio porque hace más potentes las burbujas, dificulta ver cosas que sean diferentes a lo que hemos visto, difunde muy rápido las mentiras y ayuda a crear noticias falsas. Se produce entonces una Violencia semiótica (Krook), “que refuerza las jerarquías y desigualdades” comentó Salvador Millaleo Investigador del Instituto Milenio VioDemos y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. 

El taller tuvo tres presentaciones: 

La primera de ellas abordó los Modelos de regulación de discursos de odio y violencia política, a cargo de Salvador Millaleo y Pedro Cea. Lo primero que señalaron es que no hay consenso acerca de la regulación de los discursos de odio. Quienes están en contra dicen que pueden crear censura y terminar siendo un mal mayor que el que se trata de combatir, además que algunas de estas regulaciones son selectivas sancionando ciertos discursos de odio y otros no. Aquí radica una de las principales dificultades al tratar de definir qué es un discurso de odio. 

¿Cómo regular la libertad de expresión en los medios digitales? Los académicos distinguieron 4 modelos a partir de diferentes experiencias internacionales: 

1) Modelos liberal o libertario donde no se utiliza ninguna regulación porque la verdad vendría de la confrontación de discursos y cualquier problema al respecto se soluciona con demandas entre privados.

2) Modelo autoritario que se fundamenta en el paternalismo estatal donde “el bien colectivo” está sobre la protección de cualquier grupo específico”. Por ejemplo en China, las plataformas de redes sociales tienen responsabilidad y deben reportar al Estado.

3) Modelo punitivista que promueve activamente desde el derecho valores como dignidad humana, igualdad y pluralismo. Sin embargo, desde el derecho, la definición de odio siempre es abstracta y está sujeta a la discusión política.

4) Modelo híbrido o de co-regulación. En este caso, se reconoce la horizontalidad de los derechos fundamentales, es un modelo sancionatorio donde prima la responsabilidad penal/civil ulterior, no hay regulación de las plataformas. En este modelo se encontraría Chile. 

La segunda presentación estuvo a cargo de Pablo Rojas y Verónica del Pozo de la Unidad de Estudios del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y se tituló “Sobre los límites a los discursos de odio y la garantía de derechos humanos-definiciones y prospecciones”

Los expositores señalaron que la libertad de expresión es un derecho esencial en la democracia y está reconocido por Chile en tratados internacionales, pero no es un 

derecho absoluto y admite restricciones legítimas. La libertad de expresión tendría una dimensión individual y otra colectiva. Entre las amenazas a la libertad de expresión identifican la limitación de información que puede venir del Estado con censura o presiones indebidas o bien de la concentración de los medios de comunicación. Aquí también se encuentran los discursos de odio y el negacionismo.

En cuanto a la acción del Estado, éste tiene una obligación respecto a los discursos de odio, pero lo que ha hecho hasta ahora es compartimentado y no sostenido, recién están en la etapa de diagnóstico. Desde el INDH tienen propuestas para el fortalecimiento democrático que implican: sensibilización, es decir educación ciudadana para identificar desinformación y discursos de odio; robustecer el debate público con reglas que posibiliten la participación  y discusión de manera equitativa; y por último, regularizar, estableciendo reglas que regulen la circulación de los discursos en redes sociales. 

La tercera presentación de la académica Manuela Badilla y el académico Diego Rivera de la Universidad de las Américas, abordó “Aproximaciones metodológicas para estudiar violencia digital”. Al respecto, señalaron que la investigación parece estar en deuda, seguramente por la velocidad y magnitud de los cambios en las plataformas digitales. Uno de los nudos para estudiar la violencia política digital es que no siempre aparece como violencia ni es nombrada como tal. Muchas veces circula como broma, entonces la pregunta es: “¿Cómo se estudia?”. No basta con que un contenido sea verdadero o falso, si es ofensivo y se volvió viral. Lo que debiese priorizarse es el impacto social que tienen dichos contenidos. No es suficiente analizar la pieza aislada, el objeto de estudio debe ser la trayectoria, es decir, cómo aparecen y circulan en distintas plataformas. 

El estudio de la trayectoria de la violencia política digital será justamente uno de los ejes de esta nueva agenda de trabajo, lo que se fortalecerá con la identificación de las normativas y estructuras regulatorias que legitiman estas trayectorias.