Latin American Summer School on Social Issues LASI 2023

En la cuarta versión de Latin American Summer School on Social Issues, que se realizó en la Universidad de Tarapacá en Arica entre el 12 y el 16 de diciembre de 2023, se reunieron profesores de Perú, Estados Unidos, Colombia, Dinamarca, Argentina y Chile, junto a 33 estudiantes de diversas disciplinas en 7 workshops intensivos para trabajar en metodologías y temáticas de investigación vinculadas al tema de este año: “Problemáticas Sociales Recurrentes: Crisis, continuidad y demandas de cambio en América Latina”.

En los distintos workshops o talleres  se abordaron temáticas recurrentes, desde extractivismo y cambio climático, pasando por  las violaciones a derechos humanos, los derechos de los pueblos originarios y la invisibilización de las vidas de niñas, niños y adolescentes, hasta el populismo y la pregunta por la autoridad en democracia, invitando a los estudiantes a considerar sus proyectos de investigación en diálogo con estudios comparativos y diversas miradas teóricas para abordar el presente y el pasado.

Para Juan Felipe Riaño, estudiante de Doctorado en Geografía en la Universidad de California, LASI 2023 fue “una experiencia intelectualmente retadora, y de ella rescato la colaboración hemisférica que se ha generado entre estudiantes de Estados Unidos, Centroamérica y Sudamérica, para dialogar a nivel regional de los problemas coyunturales que estudiamos».

Compartir con investigadores e investigadoras de larga trayectoria enriquece las propias experiencias investigativas, “sobretodo si son disciplinas que se alejan de nuestra formación inicial”, destacó Javiera Roa, estudiante del Doctorado en Sociología UAH apoyada por VioDemos, quien también destacó la oportunidad para discutir aspectos metodológicos, éticos, teóricos y de debate disciplinar desde una panorámica más amplia de las ciencias sociales.

En el workshop “Capitalismo de cadena de suministro: Transformaciones de los paisajes rurales en América Latina”Cari Tusing junto a Stine Krøijer  ahondaron en distintas formas de hacer análisis espaciales, por ejemplo, a partir de aspectos no humanos en contextos indígenas aplicando una etnografía interespecie, o haciendo seguimientos a personas mayores por medio de la etnografía histórica, combinando lo material con el Estado y los múltiples roles del mismo en las trayectorias de las comunidades y los lugares.

“Cuando escribimos tendemos a dejar de lado detalles y anécdotas, pero en realidad son estos pequeños momentos los que dan vida a la etnografía y forman parte del objeto. Nuestro texto no puede quedarse en una mera explicación, debe ayudar a comprender desde los vacíos en los párrafos cómo fue la experiencia de entrar al campo y evidenciar las experiencias corporales de vivir o no vivir en conflictos ambientales, rurales, de movilidad, entre otros”, profundizó Stine Krøijer, profesora de la Universidad de Copenhagen.

“En este sentido, la etnografía sensorial y corporalizada se presenta como una alternativa para dejar por escrito aquello que queremos registrar, ya que presta atención no solo a los humanos sino a todo lo demás. Implica una sensibilidad a cómo nos acercamos a los fenómenos. Es una mirada interdisciplinar entre las artes, las ciencias naturales y sociales para acercarse a los paisajes y trabajar nuevas formas de observar”, comentó Cari Tusing, académica de la Universidad Austral de Chile.

Escuchar las voces de comunidades y agentes usualmente silenciados puede enriquecer el conocimiento y el análisis de los problemas contemporáneos que afligen al continente y a nuestro país. En este sentido, niños, niñas y adolescentes tienen mucho que aportar, a pesar de estar siempre relegados a la sombra del mundo adulto, tal como se abordó en el workshop “Qué alguien piense en los niños y las niñas. Los desafíos de pensar las infancias contemporáneas en América Latina”, guiado por Gabriela Piña y Ana Carolina Hecht.

A pesar de lo que usualmente se piensa, niños y adultos comparten muchas características cuando se toma en consideración variables como género, etnicidad y clase. Ningún grupo está exento de ellas, pero se tiene a ver a niñas y niños como “como ‘adultos incompletos’, ‘capital humano’, ‘inocentes o ángeles’ en contraposición a aquellos niños ‘peligrosos e irracionales’, también ‘adultos del futuro’”, explicó Gabriela Piña, profesora de Antropología UC e investigadora CIIR y VioDemos.

Ana Carolina Hecht de la Universidad de Buenos Aires, precisó que estos estereotipos son problemáticos, porque si bien es necesario mantener a la infancia como categoría particular, hay que evitar esencializar a niños/as o quitarles su capacidad de agencia y/o resistencia: “Como adultos y adultas, muchas veces invisibilizamos las prácticas de los niños/as desde una perspectiva adultocéntrica de las resistencias, invalida sus opiniones incluso antes de preguntarles”.

De la misma forma ocurre con personas privadas de libertad y en situación de desplazamiento. Tanto migrantes como presos/as son considerados indeseables e “ilegalistas” por variables racistas y punitivas. Estos aspectos ponen en riesgo los procesos de inserción y cohesión social de migrantes y personas encarceladas al debate público.

“Debemos repensar en conjunto la fronterización y carcerialización como regímenes, espacios, subjetividades, formas de gestión. La invitación es a salir de la caja de los estudios de las prisiones, salir de los compartimentos”, comentó Angel Aedo, Director de VioDemos y profesor de Antropología UC, durante el workshop “Gestionar lo indeseable: repensar el trabajo carcelario y fronterizo”, que impulsó junto a Julienne Weegels, profesora de la Universidad de Amsterdam.

La carceralidad no es sólo la prisión, más bien tiene que ver con la operación de encierros y expulsiones. “Hay que comprender la metaforización de la idea de cárcel. Por ejemplo, pandemia como cárcel, trabajo como encierro. Preguntarle a las demás personas cómo viven sus metáforas de encierro en la sociedad, como se transforma en algo que opera y confina al cuerpo”, explicó Julienne Weegels.

¿Cómo se construye la memoria? El lugar de los “artefactos” y la afectividad

Así como en el acercamiento a la realidad es necesario utilizar nuevas perspectivas, también es preciso interrogarse acerca de cómo se está leyendo el pasado y en base a qué,  temática que se abordó en el workshop “Género y Memoria: Archivos, materialidades y afectos” guiado por Oriana Bernasconi  de la Universidad Alberto Hurtado y Tania Pérez Bustos de la Universidad Nacional de Colombia.

Para las investigadoras, el archivo funciona como un modo de producción de verdad que puede desestabilizar las lógicas de control y dominación. Entendidos como artefactos socio-técnicos, los archivos son más que una fuente de información. “Son dispositivos que permiten inscribir una situación o hecho social que trasciende de su lugar de ocurrencia para estar disponible para otro tiempo y generación”, señaló Bernasconi, investigadora VioDemos y académica de Sociología UAH.

¿Cómo se creó este archivo? ¿Quienes piensan y desde donde los hechos? ¿Qué tipos de intervenciones intelectuales, afectivas, morales y políticas se involucran al momento de documentar? ¿Cómo esta relación puede ir cambiando y activando otros procesos sociales? son algunas de las preguntas que orientaron el taller.

“La documentación es un campo en disputa, donde la inscripción y el olvido son fuerzas que se contraponen en un intento por atestiguar y dejar huella sobre lo ocurrido. Aborda la materialidad, los silencios, métodos y prácticas, modos de acceso y estatutos de verdad”, precisó Tania Bustos. Pensar el archivo desde una perspectiva de género puede conducir a formas contrahegemónicas respecto a la filiación y el reconocimiento, y permite pensar el cuerpo de las mujeres como otro espacio de registro donde contar historias.

Latin American Summer School on Social Issues LASI es una iniciativa que ya cuenta con 4 versiones y busca ser un espacio interdisciplinario y de formación para nuevos investigadores. Esta versión fue organizada en conjunto por el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR), el Instituto Milenio para la investigación en  Violencia y Democracia (VioDemos), el Departamento de Antropología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el Núcleo Milenio en Turberas Andinas y la Universidad de Tarapacá, y cuenta con el apoyo de la Fundación Wenner-Gren.