Intervención en memorial de Osorno en junio de 2021. Imagen de epicentrochile.com

Mayo 2024._La mañana del 31 de diciembre de 2019 en la ciudad de Concepción, el monumento a los desaparecidos y ejecutados políticos de la dictadura militar (1973-1990) había sido desfigurado con pintura y dos graffitis: “Pinochet” y “Faltaron más”. También se encontraron excrementos y símbolos de Patria y Libertad, organización nacionalista de extrema derecha conocida por sus acciones violentas contra militantes de izquierda durante el gobierno de Salvador Allende (1970-1973). 

Esta es una de las más de 64 acciones en monumentos conmemorativos, memoriales y sitios de memoria que han sido vandalizados o destruidos tras el estallido social de octubre de 2019; fenómeno explorado por la investigadora de VioDemos y académica de Psicología UC, Manuela Badilla y por la investigadora postdoctoral de VioDemos-COES, Valentina Infante

Ambas han examinado la geografía política de los conflictos en torno a la memoria de la dictadura civil militar, es decir, las tensiones que como sociedad experimentamos al recordar y elaborar el pasado en territorios específicos. Esta perspectiva permite analizar los monumentos, memoriales y sitios de memoria, como espacios donde se negocian, reivindican o contestan las memorias colectivas. 

La vandalización de memoriales a las víctimas de la violencia dictatorial ilustra la fuerte y preocupante presencia de conflictos sobre el pasado. Estas acciones, si bien son protagonizadas por grupos pequeños que operan durante la noche, muestran la importancia de velar por el patrimonio dedicado a la defensa de los derechos humanos en Chile, considerando, además, la escasa atención que reciben por parte de los medios de comunicación. Estas vandalizaciones ilustran los riesgos que enfrenta esta geografía memorial en un contexto de avance de la extrema derecha en Chile, lo que hace aún más necesario generar políticas de memoria que resguarden estos sitios.

La dictadura civil militar duró 17 años, dejando más de 3.200 personas asesinadas o desaparecidas y más de 40.000 supervivientes de torturas y encarcelamientos ilegales. El término de este periodo activó procesos y mecanismos para transitar hacia un sistema democrático que abordara las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, la promoción de la justicia, la verdad, las garantías de no repetición y la reparación simbólica. Estas medidas, enmarcadas en el paradigma de la justicia transicional, han incluido comisiones de verdad, la reparación a víctimas y sus familias, reformas institucionales y el apoyo para la construcción y el cuidado de lugares conmemorativos; memoriales y sitios de memoria. 

Sin embargo, a pesar del alcance nacional de la política de la memoria y su reconocimiento internacional, persisten conflictos sobre el legado de la dictadura. Si bien la justicia transicional y sus medidas de memorialización buscan, a través de la rendición de cuentas, la reparación y la justicia, permitir que una sociedad deje atrás el conflicto en el mediano plazo, la experiencia reciente muestra que no necesariamente evitan conflictos alrededor de la memoria, y tampoco parecieran evitar el surgimiento de acciones que intentan borrar o destruir la memoria de las violaciones a los derechos humanos. Los memoriales y sitios de memoria buscan rescatar justamente la memoria, dar cuenta de un pasado doloroso y reconocer a las víctimas. Entonces, ¿A qué se debe la emergencia de estas vandalizaciones de memoriales y sitios de memoria? 

Para las investigadoras, los conflictos políticos en torno a los monumentos no son nuevos en Chile ni en el mundo, ni tampoco su intervención, derribo o destrucción. Estas acciones muestran cómo el espacio no sólo es escenario de conflictos políticos sino que se va modificando a partir de estos debates. En este sentido, la vandalización de memoriales y sitios de memoria dan cuenta de un conflicto que sucede en el espacio público. 

La vandalización se entiende como toda acción violenta; rayado, robo, destrucción, entre otros, que interviene física y simbólicamente un objeto conmemorativo del espacio público para opacar, silenciar, o subvertir su significado e imponer otro radicalmente opuesto. Respecto a estas acciones las investigadoras han encontrado racionalidad, es decir, no son intervenciones vacías ni necesariamente patológicas (aunque en algunos casos es probable que sí). Por el contrario, al analizarlas salta a la vista que, en su mayoría están impregnadas de contenido político que intenta imponer una visión negativa o denostativa de estos lugares para ensalzar una memoria pro-dictadura.  

Estas vandalizaciones dan cuenta, por una parte, de una radicalización del conflicto de memoria que busca eliminar los lugares de memoria y el mensaje que representan, profundizando la tensiones  y generando una forma de memoria antagónica que se nutre de una mirada dicotómica entre amigos y enemigos. Esta visión antagónica es explorada en el texto “Human rights memorials in turmoil: Antagonistic memories in contemporary Chile” escrito por Carolina Aguilera y Manuela Badilla. Estas acciones antagónicas obstaculizan el objetivo principal de la política de justicia transicional: democratizar la sociedad mediante la promoción de formas de recuerdo que ayuden a aceptar conflictos pasados y fomenten el reconocimiento, la justicia y el diálogo democrático.

Por otra parte, como muestran los resultados del proyecto postdoctoral de Valentina Infante, y del estudio “Entre la iconofilia y la iconoclasia: Avances del movimiento de memoria conservadora en Chile”, financiado por COES, estas vandalizaciones ilustran no sólo la profundización del conflicto, sino también la irrupción y legitimación de una memoria de extrema derecha que valora y promueve el estatus quo,  el orden, los discursos y las acciones autoritarias denostando la cultura de respeto por los derechos humanos. Es decir, junto con acciones negacionistas (que niegan, minimizan, justifica o incluso celebran las violaciones a los DDHH), se está en presencia de una memoria que valora el uso de la fuerza frente al diálogo democrático, promueve figuras autoritarias y que desde el Estallido Social ha aparecido sin complejos en el espacio público.

Desde octubre de 2019 hay tres elementos que llaman la atención sobre este fenómeno. En primer lugar, se confirma la tesis – ya ampliamente discutida por varios académicos – sobre cómo el contexto histórico es un condicionante fundamental que explica el aceleramiento de este tipo de acciones. En el caso chileno, desde 2019 la sociedad ha experimentado períodos de fuerte convulsión social y política, seguido de un aumento de retóricas extremas, especialmente desde la derecha más conservadora. 

En segundo lugar, y como se me mencionó más arriba, se trata de acciones con contenido político y con un fuerte componente de “memoria de salvación” pro-dictadura (Stern, 2006), lo que se observa no sólo en algunos mensajes dejados sobre los sitios de memoria (en honor a Pinochet o celebrando el golpe de estado), sino que también en el hecho de que muchos de estos ataques se producen, no coincidentemente, en fechas relevantes para la izquierda política, como los natalicios o fechas de asesinatos de figuras de ese sector. 

En tercer lugar, y viendo el fenómeno desde una dimensión geográfica, la mayoría de las vandalizaciones se concentran en la Región Metropolitana, ello porque gran parte de los memoriales se encuentran en esta región y porque, muy probablemente, estas acciones buscan visibilidad y generar impacto mediático (y emocional hacia las víctimas), objetivo que se logra de mejor manera en esta región del país. 

De esta forma, se podría entender que los ataques a monumentos conmemorativos de DDHH dan cuenta no sólo de la presencia de conflictos de memoria que transforman lugares y constituyen la ciudad socio-políticamente, sino también del avance de una memoria tóxica que pone en riesgo los avances que ha tenido la sociedad chilena en materia de reparación,  defensa y promoción de una cultura de los derechos humanos. En el día de los patrimonios, alertar sobre  este fenómeno y, especialmente, reflexionar sobre la necesidad de un resguardo y valoración continua de esta geografía memorial es fundamental.